El autoconocimiento, como medio para desarrollar el amor propio

CONÓCERTE A TI MISMO

Conocerse a uno mismo supone un camino de perfeccionamiento, de hacernos mejores y de adquirir conocimiento sobre nuestra propia naturaleza y sus limitaciones, ya que realmente no podemos llegar a desarrollar nuestra naturaleza si no sabemos cuál es. De este modo, el autoconocimiento es el paso previo para manifestar la sabiduría que llevamos dentro.

“Conócete a ti mismo” es un mandato superior para cada individuo: comprenderse, aceptarse, penetrar la propia alma, que es el verdadero centro de nuestro conocimiento, pues sólo así podemos orientar nuestra vida y acciones de acuerdo con nuestros intereses internos y propósitos superiores. Al final, la consecuencia última del autoconocimiento es que aprendemos a querernos a medida que nos vamos conociendo.

El famoso proverbio griego “Conócete a ti mismo” que estaba inscrito en el frontis del templo de Apolo en Delfos, era el saludo que el dios dirigía a los visitantes de su templo, deseándoles sabiduría. Este conocido aforismo hace referencia a la importancia del autoconocimiento para el ser humano, y nos recuerda que la principal necesidad de una persona para acceder a la sabiduría, es el autoconocimiento.

En esta frase se encierran algunas de las preguntas más antiguas del pensamiento filosófico: quién soy, de dónde vengo, hacia dónde voy; preguntas por medio de las cuales todos intentamos comprendernos y definirnos mejor.

Conocerse a uno mismo supone un camino de perfeccionamiento, de hacernos mejores y adquirir conocimiento sobre nuestra propia naturaleza y sus limitaciones, ya que realmente no podemos llegar a desarrollar nuestra naturaleza si no sabemos cuál es. De este modo, el autoconocimiento es el paso previo para lograr la sabiduría.

“Conócete a ti mismo” es un mandato superior para cada individuo: comprenderse, aceptarse, penetrar la propia alma, que es el verdadero centro de nuestro conocimiento, pues sólo así podemos orientar nuestra vida y acciones de acuerdo con nuestros intereses internos y propósitos superiores.

Al final, el autoconocimiento se basa en aprender a querernos a medida que nos vamos conociendo, porque ell autoconocimiento es la base para el amor propio, es el resultado de un proceso reflexivo que permite a un individuo adquirir entendimiento de su persona, sus cualidades y características únicas.

 

El Autoconocimiento como herramienta de Transformación

A medida que recordamos que todo en el universo está interconectado, es necesario hacer consciencia que el universo funciona como un holograma, es decir, que el todo reside en cada parte. Entonces para participar en la vida y entender de qué se trata estar encarnados en esta experiencia humana, debemos comenzar por conocer quiénes somos nosotros mismos. Es decir, para entender al Todo, del que formamos parte, primero debemos entendernos a nosotros mismos.

Así, al iniciar el camino de conocernos a nosotros mismos, iremos revelando la estructura y el funcionamiento del Universo en sí, ya que estamos regidos por sus mismas leyes y fuerzas, no sólo somos parte del mismo sino que somos él mismo.

A mayor grado de autoconocimiento, mejor manejo de las capacidades que poseemos para transformar nuestra vida cotidiana, y por ende, mayor posibilidad de establecer vínculos de amor genuino y servir a nuestros semejantes.

El autoconocimiento nos recuerda la multidimensionalidad, es decir, que somos un solo Ser experimentándose a sí mismo en todas las dimensiones simultáneamente, transmitiendo información de una dimensión a la otra.

Por eso, podemos transitar por las continuas transformaciones por las que pasamos en esta encarnación, con este cuerpo, con esta personalidad y con las circunstancias que vamos creando.

Nuestro condicionamiento de percibir la realidad fragmentada dividiendo todo en “bueno” y “malo”, calificando nuestras experiencias como buenas o malas, nos lleva a buscar herramientas externas para que nos libren de las “malas” experiencias olvidando que, en realidad, no tenemos que escapar de nada, que todo es perfecto, y que la realidad simplemente es como es, indivisible. Cambiar lo que sentimos como inadecuado para nuestra vida como lo que sentimos positivo, son señales que nosotros mismos colocamos aquí antes de llegar, para recordarnos que venimos a experimentar nuestra capacidad creadora y que si estamos en un extremo vibratorio podemos decidir movernos hacia su complementario.

Hace tiempo que estamos en una fase de transición vibratoria a nivel astrofísico, y tanto la Tierra como nosotros mismos estamos involucrados en este impresionante proceso. De hecho, a medida que avance el tiempo, vivir se transformará en un continuo autoconocimiento. Por lo que debemos tener presente y a nuestro alcance, una buena dosis de autocompasión y paciencia, para aceptar esta permanente reestructuración energética. Es un tiempo complejo, pero simple a la vez, dado que más que PENSAR lo que hay que hacer, es tiempo para permitirnos SER, sin entrometernos con razonamientos que sólo profundizan la confusión y el caos interno. Y para simplemente SER, debemos partir por conocer quiénes SOMOS, y eso se logra por medio del autoconocimiento.

Desde mi experiencia personal, hasta el día de hoy, la astrología sigue siendo la mejor herramienta de autoconocimiento. Aprender a descifrar lo que nuestra carta astral tiene que decirnos sobre nosotros mismos, sin interferencias ni interpretaciones ajenas (del astrólogo), es una bendición, porque al final, quién mejor que nosotros mismos podemos saber qué información nos resuena interiormente y cuál no, qué patrones de comportamiento ya hemos superado y cuáles aún debemos trabajar.

Aprender a reconocer nuestros impulsos, patrones inconscientes o los arquetipos con los que sintonizamos a través de la comprensión de los planetas de nuestra propia carta astral, entender las habilidades y capacidades especiales que tenemos entendiendo el simbolismo profundo de los signos más destacados en la carta o comprender por qué ciertas áreas de la vida nos parecen más atractivas y brillamos naturalmente en ellas, y en cuáles debemos realizar un trabajo más consciente, a medida que identificamos las casas ocupadas en nuestra carta y finalmente entender por qué ciertas capacidades o experiencias en la vida nos presentan resistencia y tensiones y cuáles fluyen espontáneamente, las disfrutamos y expresamos sin inconvenientes a medida que comprendemos la dinámica de los aspectos en nuestra carta astral, así como tener claro qué tiempo es mejor para qué tipo de experiencia o en qué procesos evolutivo estamos insertos en cualquier momento al definir los tránsitos planetarios que tenemos activos. Esas respuestas, y muchas más, están en nuestra propia carta natal… mejor aprender a leer el lenguaje con el que fue escrito ese mapa, ¿no creen?

Esta fue y sigue siendo mi mayor motivación de servicio cuando decidí dictar los cursos de astrología que imparto cada semestre: el entregar este valioso conocimiento para que cada uno aprenda a conocerse a sí mismo y, en el proceso, aprenda a quererse a medida que va descubriéndose y desarrollando su naturaleza para manifestarla finalmente. La astrología es la sabiduría que nos enseña a reconocernos y amarnos.

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