El tránsito de Saturno-Urano-Plutón para Chile durante el 2010

Cuando el período presidencial de Michelle Bachelet se iniciaba en 2006, en el cielo se formaba la oposición Saturno-Neptuno que activó la gran cantidad de marchas, protestas y, en general, desordenes sociales que aún se recuerdan y que caracterizaron la primera mitad de su gobierno. Sin embargo, ahora se alinea una nueva configuración entre Saturno, Urano y Plutón que indiscutiblemente marcará la primera parte del nuevo período presidencial, y aunque cabe esperar fuertes tensiones y transformaciones en política, en la sociedad y la organización general del Estado durante los próximos dos años, el origen principal de todos estos inconvenientes ya quedó definido el 27 de febrero con el terremoto que sufrimos, el cual expresó de manera “demasiado literal” la fuerza de esta configuración. Pero este influyente tránsito no sólo afectará a Chile, porque sus efectos se harán sentir también en el plano internacional debido a que Saturno, Urano y Plutón son las energías planetarias que definen los ciclos de transformación a nivel mundial.

Saturno rige la administración y la política en general, las normas, las leyes y las reglas que ordenan la actividad administrativa dando estabilidad al país, Urano tiene relación con los cambios, el progreso, las reformas e innovaciones que se introducen y todo lo relativo a la electrónica, la tecnología e invenciones, además de cualquier expresión de agitación o rebeldía en movimientos comunitarios, y finalmente, Plutón que está asociado a las transformaciones radicales, las reservas fiscales de la nación, las finanzas internacionales y las catástrofes naturales. Considerando la fuerte dinámica entre estos tres planetas, no se necesita mucho para entender lo literal que fue el terremoto para revelar la combinación de estas tres energías, sin embargo, su objetivo no es la destrucción en sí, esa es sólo la primera etapa del proceso activado por estas tres energías, ya que el fin último es la transformación radical o más bien el renacimiento de Chile como una nueva nación no sólo en lo físico (edificios, calles, puentes) sino en lo interno o social (expectativas, opiniones, necesidades de la ciudadanía), se puede afirmar que Chile está creciendo de la misma manera que un muchacho se muda en un adulto, y ya no hay vuelta atrás, son procesos dolorosos, quien lo puede negar, pero necesarios si queremos seguir avanzando como país hacia mejores condiciones de vida y mayor consciencia nacional.

Otras posibles manifestaciones de este importante tránsito hace prever cierta rigidez y obstinación como tendencia general tanto de la ciudadanía como de las autoridades (es la inicial resistencia a lo radical del proceso), lo valioso es que crecerá la, hasta ahora, modesta conciencia y relación que los chilenos tienen con la naturaleza y la ecología, provocando un explosivo desarrollo del turismo ecológico, se impondrá una mentalidad revolucionaria que buscará introducir y ver en acción progresos en la mayor cantidad de ámbitos del quehacer nacional, especialmente en el científico o tecnológico. El hecho que se haya producido un radical cambio de coalición en el gobierno, tampoco es casualidad ni “culpa” de nadie, más bien es reflejo de los efectos de esta configuración, como es la sentida necesidad de reestructurar e innovar totalmente el sistema político y la forma en que las autoridades dirigen el país y a sus ciudadanos, quienes ahora mostrarán mayor entendimiento de sus derechos y su poder como grupo social. Se debe recordar que podrían aparecer importantes tensiones mientras no se logren los acuerdos y ajustes que equilibren las diferencias entre lo que los innovadores y las autoridades desean hacer y lo que efectivamente se puede realizar, porque aún queriendo esos cambios, se debe mantener la estabilidad y funcionalidad de todo el sistema sin dejar de introducir dichas reformas. Será un tiempo exigente, pero las transformaciones que se logren implantar quedarán como los cimientos de los nuevos sistemas y estilos para la convivencia nacional futura.

En el caso de Chile, esta formación afectaría a tres áreas específicas del acontecer nacional como son el mundo juvenil, educativo o creativo primero, las alianzas, acuerdos entre grupos políticos o relaciones internacionales en segundo lugar, y finalmente las finanzas del Estado o los bienes con los que cuenta la colectividad, y será dentro de estos tres escenarios que se registrarán las mayores tensiones pero también los más trascendentales cambios para la futura sociedad chilena.

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